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Una diminuta habitación que revela el pasado racista de Brasil

Los cuartos para las empleadas domésticas en el país, vestigio de la historia de esclavitud, están desapareciendo o transformándose a medida que su sociedad se enfrenta a desigualdades profundamente arraigadas.

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Ana Beatriz da Silva aún recuerda su primer hogar: una diminuta habitación detrás de la cocina de un apartamento frente al mar en Río de Janeiro, donde su madre trabajaba como criada.

La habitación era apenas más grande que un armario, calurosa y sofocante, dijo, con solo una pequeña ventana para ventilar. Silva compartió ese espacio reducido con su madre y su hermano mayor hasta los 6 años.

“Vivíamos así, metidos en un cubículo”, dijo Silva, de 49 años y profesora de geografía.

Su experiencia convenció a Silva de que nunca podría tener un cuarto de servicio en su propia casa. Por eso, cuando alquiló un viejo apartamento en una zona de clase media de Río, no tardó en convertir el cuarto de la criada en un despacho.

“El cuarto de la criada es nuestra herencia colonial”, dijo Silva. “Es vergonzoso”.

Muchos brasileños sienten cada vez más lo mismo.

Ana Beatriz da Silva convirtió el cuarto de servicio de su casa en un despacho. “El cuarto de la criada es nuestra herencia colonial”, dijo.