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Siria hace el recuento de los horrores en las cárceles de Al Asad
Miles de personas acudieron al día siguiente de la llegada de los rebeldes a Damasco, corriendo por el antaño desolado tramo de carretera, subiendo por un sendero irregular excavado en la ladera de piedra caliza y atravesando las imponentes puertas …
Miles de personas acudieron al día siguiente de la llegada de los rebeldes a Damasco, corriendo por el antaño desolado tramo de carretera, subiendo por un sendero irregular excavado en la ladera de piedra caliza y atravesando las imponentes puertas metálicas de la prisión más tristemente célebre de Siria. Inundaron los pasillos repletos de celdas, en busca de seres queridos que habían desaparecido en el agujero negro de las prisiones de tortura bajo el gobierno de Bashar al Asad.
Algunos revolvieron las oficinas de la prisión, Sednaya, en busca de mapas del edificio y registros de presos. Una mujer ponía frente a otras personas que pasaban por allí una fotografía de su hijo desaparecido, con la esperanza de que alguien lo hubiera encontrado. “¿Lo reconoces?”, suplicaba. “Por favor, por favor, ¿lo has visto?”.
En el vestíbulo de una sección, decenas de hombres con mazos y picos destrozaban el suelo, convencidos de que había celdas secretas con más prisioneros bajo tierra. La multitud se agolpaba a su alrededor mientras la gente trepaba para ver lo que encontraban, deteniéndose solo cuando los ataques aéreos israelíes caían lo suficientemente cerca como para hacer temblar los muros de la prisión.
“¡Retrocedan, retrocedan!”, gritó un hombre, Ahmad Hajani, de 23 años. ”¡Déjenlos trabajar!”.

Sirios acercándose a Sednaya, la prisión más conocida del régimen de Al Asad.




