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Los rebeldes sirios atacaron cuando los aliados de Bashar al Asad estaban desprevenidos

La disminución del apoyo al gobierno sirio por parte de Irán, Hizbulá y Rusia permitió a las fuerzas de la oposición tomar la iniciativa y ocupar nuevos territorios.

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Durante años, el presidente sirio, Bashar al Asad, pudo hacer retroceder a los combatientes de la oposición con la ayuda de Rusia, Irán y Hizbulá. Ahora, con esos aliados debilitados o distraídos por sus propios conflictos, los rebeldes han aprovechado la oportunidad para cambiar el equilibrio de poder.

Los rebeldes han pasado meses entrenándose y preparándose para una ofensiva sorpresa, pero ni siquiera ellos podían prever la rapidez con la que avanzarían. El sábado, los rebeldes dijeron que habían capturado casi toda Alepo, una de las ciudades más grandes de Siria, y ahora controlan una amplia franja de terreno en el oeste y noroeste del país, según los rebeldes y el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, un monitor de guerra con sede en Gran Bretaña.

El momento elegido para el asalto y su éxito, según los analistas, revelan la vulnerabilidad de la otrora formidable coalición de Asad.

La guerra civil siria comenzó hace 13 años, cuando las protestas pacíficas contra el gobierno fueron respondidas con brutales medidas represivas, lo que dio lugar a un conflicto entre las fuerzas leales a Asad y los rebeldes. Con el tiempo, los bandos en guerra recibieron apoyo y combatientes extranjeros de potencias regionales e internacionales.

Irán, Hizbulá y Rusia enviaron ayuda al ejército sirio. Los combatientes de Hizbulá y los apoyados por Irán lucharon junto a las fuerzas sirias, Rusia e Irán enviaron asesores militares y Rusia llevó a cabo intensos ataques aéreos en territorio controlado por los rebeldes.