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La científica rebelde que formó a Kamala Harris
En su primer día de trabajo, la joven estudiante de bioingeniería bajó las escaleras del sótano de un laboratorio oncológico de Berkeley, California, y vio cómo decapitaban sumariamente a un ratón. La estudiante, Elizabeth Vargis, se sintió …
En su primer día de trabajo, la joven estudiante de bioingeniería bajó las escaleras del sótano de un laboratorio oncológico de Berkeley, California, y vio cómo decapitaban sumariamente a un ratón.
La estudiante, Elizabeth Vargis, se sintió desfallecer. Se agarró a una silla. Era hija de inmigrantes indios y sus bajas calificaciones acababan de costarle una beca; pensó que su dificultad para mantenerse erguida significaba también el fin de su carrera investigadora.
Su nueva jefa, Shyamala Gopalan Harris, era de otra opinión. Gopalan Harris, una mujer delgada de metro y medio y una risa ululante, escuchó unos días después cómo su alumna se reprochaba a sí misma ser una científica inadecuada, y luego intervino con una pregunta: “¿Habías comido ese día?”.
La bióloga más joven no lo había hecho.
“¡Tienes que comer!”.
La respuesta no era precisamente cálida, fue más un “¿eres tonta?” que un “siento mucho que te desmayaras”, dijo Vargis. Tampoco estaba destinada a convertirse en un meme como los aforismos de Gopalan Harris, así como el del cocotero, que captó la atención de los votantes en internet durante la campaña presidencial de su hija Kamala Harris.
Pero en la reprimenda de la profesora, Vargis escuchó un eco de sus propias tías indias y una afirmación de que pertenecía a un mundo científico en el que ni ella ni su profesora se habían sentido nunca del todo a gusto.




