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Excavar en el desierto en busca de un ‘milagro’: devolver a casa a los desaparecidos

La caja de cartón era liviana, apenas lo suficientemente grande como para contener a un bebé, y mucho menos a un joven atlético de 26 años. Sin embargo, contenía a Diego Fernando Aguirre Pantaleón, o al menos sus restos, desenterrados en una fosa …

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La caja de cartón era liviana, apenas lo suficientemente grande como para contener a un bebé, y mucho menos a un joven atlético de 26 años. Sin embargo, contenía a Diego Fernando Aguirre Pantaleón, o al menos sus restos, desenterrados en una fosa común de un desierto del norte de México.

Su familia no sabe cómo acabó en la fosa en el estado de Coahuila. Las autoridades dijeron que fue secuestrado en 2011, el día de su graduación, con otros seis compañeros de clase, todos ellos reclutas prometedores de una nueva fuerza policial especializada y entrenada para combatir al crimen organizado en Coahuila. Unos hombres armados habían irrumpido en el bar donde los jóvenes policías estaban celebrando y se los habían llevado.

“Estábamos muertos en vida, todos nosotros”, dijo de su familia el padre de Aguirre Pantaleón, Miguel Ángel Aguirre, de 66 años. Tras la desaparición de su hijo, dormía en el sofá de la sala, esperando escuchar la llegada de su hijo.

Tuvieron que pasar 12 años —hasta febrero de 2023— para que los restos de su hijo volvieran a su casa en una caja. Sus padres se negaron a ver lo que había dentro. Los forenses les dijeron que su cuerpo había sido incinerado.

Diego Fernando Aguirre Pantaleón, hijo de 26 años de Blanca Estela Pantaleón y Miguel Ángel Aguirre, desapareció en Coahuila en 2011. Sus restos fueron devueltos en una caja de cartón el año pasado.

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