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¿Cómo gobernarán Siria los rebeldes? Su pasado ofrece pistas
Los rebeldes islamistas que derrocaron el régimen de Bashar al Asad dirigían una gestión pragmática y disciplinada en el territorio que controlaban. También encarcelaron a sus críticos.
Cada otoño, cuando los agricultores de las colinas zigzagueantes de tierra roja de la provincia de Idlib, en el norte de Siria, recogen sus cosechas de aceitunas, suelen encontrar al menos a un representante de la autoridad fiscal local apostado en alguna prensa de aceite.
El recaudador se lleva al menos el 5 por ciento del aceite; los agricultores se quejan de que no hay excepciones, ni siquiera en los años de cosecha escasa.
Los recaudadores trabajan para el gobierno civil establecido bajo Hayat Tahrir al Sham, el movimiento rebelde que acaba de encabezar el derrocamiento abrupto de la dinastía Al Asad, que se había prolongado 54 años. El grupo islamista administra gran parte de la provincia de Idlib, en manos de la oposición, desde 2017.
Medidas como el impuesto sobre el aceite de oliva, introducido en 2019, han provocado protestas e incluso, ocasionalmente, enfrentamientos armados y detenciones.
Sin embargo, el Gobierno de Salvación de Siria, como se conocía a la gestión de Idlib, persistió. Gravaba las mercancías que entraban en su territorio y generaba ingresos mediante la venta de combustible y la gestión de una empresa de telecomunicaciones. También controlaba la economía local mediante programas de regulación de licencias que se parecían mucho a los de un gobierno convencional, y demostró que era bastante hábil en la gestión de esas finanzas para incrementar sus operaciones militares y prestar servicios civiles.




