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¿Cómo fue el gran intercambio de prisioneros con Rusia?
La operación liberó a 23 personas, entre ellas al periodista Evan Gershkovich, en un complicado acuerdo entre siete países que requirió una planificación y un calendario intrincados.
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El avión privado que despegó del suroeste de Alemania el jueves por la tarde transportaba a un grupo que tal vez nunca habría esperado estar confinado junto: policías, médicos, agentes de inteligencia, un alto asesor del canciller alemán y un asesino ruso convicto.
En la parte trasera del avión, el asesino, Vadim Krasikov, estaba sentado con las manos y los pies atados y con un casco protector en la cabeza; no se le oyó pronunciar ni una palabra en todo el vuelo.
Al mismo tiempo, un avión del gobierno ruso se dirigía a Ankara, la capital de Turquía, con miembros de la agencia de inteligencia rusa FSB y 16 prisioneros liberados por Rusia y Bielorrusia. En un momento dado, uno de los escoltas del FSB hizo lo que parecía una broma de mal gusto a los dos disidentes rusos más conocidos que iban a bordo: “No se diviertan demasiado ahí fuera, porque Krasikov podría volver por ustedes”.
Este relato de las tensas horas que rodearon el intercambio —el mayor entre Moscú y Occidente desde la Guerra Fría— se basa en nuevos detalles revelados por funcionarios gubernamentales occidentales que participaron en el proceso, y en los primeros testimonios de los presos políticos rusos liberados como parte del acuerdo.
El canje liberó a Krasikov, al periodista estadounidense Evan Gershkovich y a otras 22 personas en un complejo acuerdo entre siete países que requirió una planificación y un calendario intrincados. El éxito de la transferencia puso de relieve la capacidad de algunas de las agencias de inteligencia más poderosas del mundo para cooperar en una operación única de interés compartido, incluso en un momento en el que Rusia y Occidente mantienen un tenso enfrentamiento por la guerra en Ucrania.




