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Una táctica autócrata resulta contraproducente en Venezuela

Nicolás Maduro se proclamó vencedor en las elecciones. Sin embargo, los sondeos a boca de urna sugieren que el candidato de la oposición obtuvo una victoria aplastante.

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Es habitual que los autócratas celebren elecciones. Como he escrito antes, ganar unas elecciones puede permitir a un líder autocrático reclamar un mandato popular y demostrar a los militares y a la élite política que el control del gobierno sobre el poder es lo suficientemente fuerte como para hacer de la lealtad su apuesta más segura.

Si los autócratas aceptan celebrar elecciones, suele ser porque creen que van a ganar, según Gretchen Helmke, politóloga de la Universidad Rochester de Nueva York que estudia la democracia en las Américas. “O al menos están muy cerca de ganar, de modo que inclinar el resultado a su favor no se considera tan atroz”, añadió.

Por tanto, la celebración de elecciones no suele ser un riesgo para el poder autocrático, sino un medio para intentar legitimarlo y reforzarlo. Estos líderes suelen utilizar las herramientas del Estado para manipular y controlar las elecciones de forma “previa” a la votación real, como la detención de líderes de la oposición, la inhabilitación de candidatos de la oposición y la represión contra los medios de comunicación.

Pero a veces ese manual falla. Incluso los comicios controlados pueden dar sorpresas, dando la victoria a la oposición en lugar de ratificar el poder del partido en el poder. Cuando esto ocurre, las elecciones pueden pasar de ser una herramienta para el autócrata a una pesadilla.

El dictador chileno Augusto Pinochet, por ejemplo, esperaba que el plebiscito de 1988 le otorgara un nuevo mandato, pero en lugar de ello resultó ser su perdición, expulsándolo del poder y dando paso al retorno a la democracia.